Me parece sumamente interesante la experiencia que algunas usuarias de estos dispositivos han llegado a vivir. Antes de continuar, quiero aclarar que no hay motivo para alarmarse: no se trata de una adicción en el sentido tradicional, ya que no genera dependencia psicológica. Sin embargo, la experiencia física que describen se asemeja notablemente a lo que las personas con trastornos adictivos experimentan en sus vidas.
En particular, hay varios extractos de entrevistas en los que mujeres que han sentido este «enganche» explican las sensaciones que han vivido. Estas descripciones guardan un sorprendente paralelismo con las experiencias de quienes padecen adicciones. Por ejemplo, cuando una de ellas afirma: «El aparato se adueña poco a poco de tu sexualidad», podríamos sustituir «sexualidad» por «personalidad» y «aparato» por «drogas», y la frase seguiría teniendo sentido. Continúa diciendo: «Hasta el punto en que se convierte en el eje en torno al cual gira toda tu vida íntima». Esto es exactamente lo que ocurre con las drogas, con la diferencia de que estas últimas condicionan la vida en su totalidad.
Otro pasaje que resulta especialmente revelador es el siguiente: «Al principio es maravilloso: llegas al orgasmo en un instante. Pero, con el tiempo, la zona va perdiendo sensibilidad y tienes que incrementar la potencia. Llegas a un punto en el que eres incapaz de alcanzar el clímax sin su ayuda». Esta descripción es prácticamente idéntica a lo que sucede con el consumo de sustancias. Al principio, la sensación de satisfacción es tan intensa que parece haber encontrado el paraíso. Sin embargo, con el tiempo, es necesario aumentar la dosis para lograr el mismo efecto, hasta que se pierde por completo la capacidad de sentir placer. La vida se convierte entonces en un mero instrumento cuyo único propósito es recrear aquella primera sensación, que, irónicamente, nunca volverá.
