La terapia individual es un espacio seguro y confidencial donde la persona en recuperación puede trabajar en profundidad su problema con la ayuda de un terapeuta especializado.
El objetivo es comprender la adicción, desarrollar herramientas para superarla y fortalecer el proceso de cambio.
La terapia individual no solo ayuda a superar la adicción, sino que también permite desarrollar un mayor autoconocimiento, mejorar la autoestima y fortalecer la capacidad para afrontar la vida sin depender de sustancias o conductas compulsivas. El cambio es posible, y cada paso en el proceso terapéutico es una oportunidad para construir una vida más libre y plena.
El primer paso es la evaluación inicial, donde se explora la historia del paciente, su relación con la sustancia o comportamiento adictivo y el impacto que ha tenido en su vida. Durante esta etapa se identifican los factores que han contribuido al desarrollo de la adicción y se establecen objetivos personalizados de tratamiento.
A lo largo del proceso terapéutico, es clave trabajar la conciencia sobre la adicción y la motivación para el cambio. Muchas veces existe ambivalencia respecto a dejar la sustancia o la conducta adictiva, por lo que se utilizan técnicas como la entrevista motivacional para ayudar a la persona a encontrar sus propias razones para cambiar.
Otro aspecto fundamental es la identificación de los desencadenantes que llevan al consumo o a la conducta compulsiva. Se analizan situaciones, emociones o pensamientos que pueden activar el deseo de consumo y se enseñan estrategias de afrontamiento para manejarlos de manera más saludable. En este sentido, la terapia cognitivo-conductual resulta muy efectiva, ya que permite modificar patrones de pensamiento negativos y establecer hábitos nuevos y positivos.
El manejo emocional es una parte esencial del proceso. Muchas personas recurren a las adicciones como una forma de lidiar con el estrés, la ansiedad, la tristeza o el vacío emocional. En la terapia se trabajan herramientas para gestionar estas emociones sin recurrir a la adicción, promoviendo una regulación emocional más saludable. También se elabora un plan de prevención de recaídas, identificando señales de alerta y estrategias para responder ante situaciones de riesgo.
A medida que la persona avanza en su recuperación, se refuerzan aspectos clave como la reconstrucción de relaciones personales, la reintegración social y la creación de un estilo de vida equilibrado. En algunos casos, la combinación con grupos de apoyo puede ser beneficiosa para mantener la motivación y reforzar el proceso de cambio.
