Sobre Ingreso
Ingreso a un Centro
El ingreso en un centro de tratamiento es un paso importante para aquellas personas que necesitan un entorno estructurado y supervisado para iniciar su recuperación. Supone alejarse de los factores que favorecen el consumo y adentrarse en un espacio terapéutico diseñado para facilitar el cambio.
Ingresar en un centro de tratamiento no es simplemente «dejar de consumir», sino iniciar un proceso profundo de cambio personal.
Es un espacio donde se aprende a vivir sin adicciones, a enfrentar emociones sin evadirlas y a reconstruir la propia vida desde una base más sólida.
Proceso
Conoce el Proceso
El proceso comienza con la decisión de ingresar, que puede ser voluntaria o, en algunos casos, sugerida por familiares, terapeutas o profesionales de la salud.
Una vez tomada la decisión, se lleva a cabo una evaluación inicial para conocer la situación de la persona, su historial de consumo y su estado físico y emocional.
A partir de esta evaluación, el equipo terapéutico diseña un plan de tratamiento personalizado.
El momento del ingreso suele ser desafiante.
La persona deja atrás su entorno habitual y debe adaptarse a una nueva rutina con normas establecidas.
Durante los primeros días, se le ayuda a integrarse, comprender el funcionamiento del centro y empezar a participar en las actividades terapéuticas.
En un ingreso residencial, la persona vive en el centro a tiempo completo y sigue un programa estructurado que incluye terapia individual y grupal, actividades ocupacionales, educación sobre la adicción y el desarrollo de habilidades para la vida.
También puede recibir apoyo médico y psiquiátrico si es necesario.
En algunos casos, el ingreso comienza con una fase de desintoxicación supervisada para manejar los síntomas de abstinencia de manera segura.
El aislamiento del entorno habitual es clave para desencadenantes y enfocar la recuperación sin distracciones.
Sin embargo, esto no significa estar desconectado del mundo exterior.
Según la normativa del centro y la evolución del tratamiento, la persona puede tener contacto con familiares o recibir visitas, siempre dentro de un marco terapéutico que favorezca su proceso.
El tiempo de estancia varía según el programa y las necesidades individuales.
Puede durar desde unas semanas hasta varios meses, dependiendo del nivel de dependencia y del progreso en el tratamiento.
A medida que la persona avanza, se trabaja en su reinserción social y en un plan de prevención de recaídas para que pueda mantenerse estable una vez que salga del centro.
