El alcoholismo y las adicciones en general no aparecen por casualidad. Detrás de cada dependencia hay una historia, una herida, una crisis no resuelta. Y cuando miramos el caso de los inuit en Groenlandia y otras regiones del Ártico, encontramos un espejo que nos devuelve una imagen inquietantemente familiar.
Los inuit y el alcohol: una historia de pérdida
Los inuit vivieron durante miles de años en armonía con su entorno, adaptados a un clima extremo y con una cultura basada en la caza, la comunidad y el respeto por la naturaleza. No conocían el alcohol hasta la llegada de los europeos. Lo que vino después fue un choque brutal: la colonización no solo les trajo nuevas «comodidades», sino también la destrucción de su modo de vida.
Fueron forzados a abandonar sus tradiciones, desplazados de sus tierras y, en muchos casos, enviados a internados donde se les prohibía hablar su idioma o practicar su cultura. ¿El resultado? Una crisis de identidad masiva. Se convirtieron en extraños en su propia tierra, sin un propósito claro, sin un sentido de pertenencia. Y en ese vacío, el alcohol se convirtió en una anestesia.
Pero no es solo la historia. Hoy en día, los inuit viven en comunidades aisladas, con pocas oportunidades de desarrollo, altísimas tasas de desempleo y una sensación generalizada de desesperanza. No es difícil entender por qué muchos recurren al alcohol para silenciar el dolor.
El espejo de Occidente: la crisis de identidad y las adicciones
A primera vista, podríamos pensar que el caso de los inuit es algo lejano, extremo, un problema de otro mundo. Pero si rascamos un poco la superficie, veremos que el problema de fondo es el mismo que encontramos en nuestras ciudades, en nuestras casas, en nuestra sociedad hiperconectada pero emocionalmente vacía.
Porque al final, las adicciones en Occidente no son tan distintas. Aquí no sufrimos la colonización en el mismo sentido, pero vivimos en un mundo donde la identidad se diluye entre el ruido de las redes sociales, la presión del éxito y la desconexión emocional. Nos vendieron la idea de que tenemos que ser «alguien», pero nunca nos enseñaron cómo descubrir quiénes somos realmente.
La soledad, el estrés, la falta de sentido… todo esto empuja a muchas personas a las drogas, al alcohol, al consumo compulsivo, a cualquier cosa que ayude a llenar ese vacío. Al igual que los inuit, nos enfrentamos a una crisis de identidad, aunque la nuestra se esconda detrás de pantallas, trabajos sin alma y promesas de felicidad que nunca se cumplen.
El camino de vuelta
Si el problema de fondo es el mismo, la solución también podría serlo. Muchos inuit han encontrado en la recuperación de sus raíces una manera de salir adelante: han vuelto a practicar sus tradiciones, a hablar su idioma, a reconectarse con lo que fueron antes de que alguien les dijera quién debían ser.
Nosotros también podemos hacerlo. La recuperación no solo es dejar de consumir, sino encontrar un propósito, algo que dé sentido a nuestra existencia. Volver a conectar con lo que realmente somos, más allá de las expectativas externas.
Porque al final, la verdadera desintoxicación no es solo de sustancias. Es de todo lo que nos aleja de nosotros mismos.
Fuentes:
(1) https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4696457/
(2) https://en.wikipedia.org/wiki/Inuit_culture
(3) https://www.wsj.com/us-news/a-generation-of-drug-addiction-survivors-is-entering-old-age-76bba728
