Con la llegada de la primavera, todo parece florecer: los días se alargan, suben las temperaturas, la energía cambia y el cuerpo lo nota. Pero para una persona en recuperación, esta estación no siempre trae solo luz y vitalidad. A menudo, también activa emociones intensas, impulsos dormidos y cierta nostalgia que puede poner a prueba la estabilidad lograda.
Primavera: Estímulos que Remueven
La primavera es sinónimo de despertar. Los estímulos externos se multiplican: más vida social, más actividad en la calle, más oportunidades… y también más recuerdos de épocas de consumo ligadas a fiestas, salidas y “buenos momentos” del pasado. Esto puede:
Activar fantasías de consumo que parecían superadas.
Desencadenar ansiedad o euforia difícil de gestionar.
Desestabilizar rutinas que habían funcionado bien durante el invierno.
El Peligro de la Energía Desbordada
El cambio de estación genera un repunte de energía física y emocional. Pero para alguien que ha utilizado sustancias como vía de escape o regulación emocional, esa energía puede convertirse en una trampa emocional si no se canaliza bien. Es el típico “me siento bien, ¿por qué no celebrar?”.
Esta euforia mal gestionada puede derivar en:
Falsas sensaciones de control: “Ya estoy bien, puedo manejarlo”.
Exposición a riesgos innecesarios: lugares o personas que antes se evitaban.
Reactivación del deseo como respuesta al exceso de estímulos.
La Importancia de la Autorregulación
En esta etapa, trabajar la autorregulación emocional es clave. Es normal sentirse removido. No es un síntoma de recaída, es un aviso. Por eso es fundamental:
Volver a lo básico: rutina, descanso, alimentación, ejercicio.
Aumentar el contacto con redes de apoyo: grupos, terapeutas, compañeros de proceso.
Identificar con honestidad cualquier pensamiento de riesgo, sin juzgarlo ni negarlo.
Primavera como Oportunidad
La buena noticia es que, bien gestionada, la primavera también puede ser un impulso de transformación positiva. Es tiempo de sembrar nuevos hábitos, abrirse a experiencias nuevas y reconectar con la vida desde otro lugar, con más conciencia y sin necesidad de anestesiarse.
Replantearse objetivos, salir al aire libre, fortalecer vínculos sanos… Todo esto puede fortalecer la sobriedad si se hace desde la conexión interna, no desde la urgencia.
Conclusión: Luz sí, pero con conciencia
La primavera tiene un efecto real en el cuerpo y la mente. Para quienes están en recuperación, no se trata de temerle, sino de observar sus efectos, anticiparse y responder con herramientas sanas.
Después de todo, la primavera es también símbolo de renacimiento. ¿Y qué es la recuperación si no eso?
