Durante décadas, el debate sobre la adicción es enfermedad o decisión, ha estado dominado por una dicotomía: ¿es una enfermedad del cerebro o una simple cuestión de elección personal? ¿Somos víctimas de un proceso biológico irreversible o responsables de cada decisión que tomamos? Esta polarización ha sido profundamente perjudicial para quienes sufren una adicción y también para quienes intentan ayudarles.
El psiquiatra estadounidense Carl Erik Fisher, autor del libro The Urge, propone que este dilema es una trampa conceptual. Él mismo, como profesional y como persona en recuperación, afirma que se sintió fuera de control en su peor etapa de consumo, pero que a la vez tomaba decisiones —planeaba consumir, ocultaba su consumo, gestionaba las consecuencias. En sus palabras, “control y descontrol convivían, aunque parezca contradictorio”.
Una historia de extremos: ¿adicción como enfermedad o decisión?
Históricamente, la adicción ha sido vista desde dos extremos:
- El modelo médico-biológico, que la define como una enfermedad crónica del cerebro, sin voluntad posible.
- El modelo moral o conductista, que la reduce a una falta de carácter o autocontrol, culpabilizando a la persona.
Ambos modelos han dominado distintos momentos históricos y políticas públicas. El primero favorece el tratamiento médico y la compasión, pero puede generar pasividad o estigmatización al convertir al paciente en «enfermo crónico». El segundo legitima el castigo, la culpa y la exclusión, al suponer que bastaría con “querer dejarlo”.
Sin embargo, ninguno explica del todo el complejo funcionamiento humano que hay detrás de una adicción. Como explica el sociólogo Darin Weinberg en su libro On Addiction, el problema es que ambos modelos pretenden ofrecer explicaciones universales y genéricas, cuando en realidad la experiencia de la adicción es dinámica, ambigua y profundamente personal.
Una tercera vía
Weinberg propone considerar la adicción no como una elección pura ni como una compulsión absoluta, sino como un proceso relacional: algo que ocurre en la interacción entre nuestra historia personal, nuestras emociones, el entorno y nuestra capacidad —más o menos erosionada— de tomar decisiones.
El autocontrol no es un interruptor que se enciende o apaga. Es un espectro, y varía incluso dentro de la misma persona. Esto implica que en muchos casos, incluso en los más severos, existe el elemento humano, aunque sea limitado o conflictivo. Reconocer esta zona gris nos permite acercarnos con más honestidad y menos juicio.
¿Qué cambia en la recuperación?
Si entendemos la adicción como un proceso que incluye componentes de decisión, emoción, compulsión, contexto y sentido, también cambia el enfoque de la recuperación. Ya no se trata de “curarse” ni de “dominarse”, sino de aprender a habitar esa zona de ambivalencia y trabajar desde ahí.
La pregunta de si la adicción es enfermedad o decisión no tiene una respuesta simple, pero entender su complejidad puede transformar la recuperación. Recuperarse no es recuperar el control total, sino colaborar con lo que sí podemos elegir hoy. No es negar la dificultad, sino reconocerla sin negarnos la posibilidad de cambio.
Para profundizar, puedes leer los otros artículos del blog.
Referencias
- Carl Erik Fisher (2022), The Urge: Our History of Addiction, Penguin Press.
- Darin Weinberg (2021), On Addiction: Psychiatry, Science, and Society, Temple University Press.
- Fisher, Carl Erik. “Is Addiction a Disease?” The New York Times, 2022.

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