En el mundo de las adicciones, existe una tendencia cada vez más evidente a construir discursos cerrados, rígidos, repetidos hasta el cansancio. Frases hechas, recetas infalibles, programas que “funcionan porque siempre han funcionado”. Hay tanta retórica, que a veces da la impresión de que fuera ella —la palabra mágica, la fórmula perfecta— la que salva. La que recupera. La que cura.
Y quien repite esa retórica suele defenderse con una frase incuestionable:
“Es lo que funciona.”
Pero… ¿y si solo funciona con quienes sí les funciona?
¿Y si esa misma estructura, que para unos es sostén, para otros es jaula?
¿Y si estamos dejando fuera a cientos, a miles de personas, para luego responsabilizarlas a ellas de no encajar en el modelo?
No hay un único camino, aunque a veces se imponga como si lo hubiera
La evidencia científica y clínica nos recuerda una y otra vez que la adicción es un fenómeno multifactorial, en el que convergen lo biológico, lo psicológico, lo social y lo cultural. Por tanto, cualquier intento de reducir su tratamiento a un solo modelo o método, por muy probado que esté, es una simplificación peligrosa.
Según la American Society of Addiction Medicine (ASAM), la adicción se define como:
“Una enfermedad crónica del cerebro que afecta al sistema de recompensa, la motivación, la memoria y los circuitos relacionados, que lleva a una persona a buscar alivio de forma patológica a través del consumo o conductas, a pesar de sus consecuencias.”
(ASAM, 2019. Definición completa aquí)
Esa definición, que reconoce la complejidad neurobiológica, no excluye los factores psicosociales, ni los traumas previos, ni el contexto económico, ni la espiritualidad. Es decir: no hay un solo nivel desde el cual abordar la adicción.
¿Y si el problema no es que el método falle, sino que lo usamos como dogma?
Programas como los 12 pasos, la terapia cognitivo-conductual, el modelo Minnesota, la farmacoterapia o las comunidades terapéuticas tienen evidencia. Funcionan.
Pero también tienen límites. Y a veces esos límites no se reconocen. Se imponen.
Una revisión sistemática publicada en Substance Abuse Treatment, Prevention, and Policy concluye que:
“Ninguna intervención única ha demostrado ser universalmente efectiva. La elección del tratamiento debe adaptarse al individuo.”
(Kelly, J. F., & Yeterian, J. D. (2011). Read here)
Es decir: la clave no está en qué método se aplica, sino en cómo se adapta a la persona.
La trampa de responsabilizar al paciente cuando el método no funciona
Una de las consecuencias más crueles del reduccionismo es que, cuando alguien no responde bien al tratamiento, la culpa recae sobre él o ella:
- “No te has rendido lo suficiente.”
- “No te lo estás tomando en serio.”
- “No sigues bien los pasos.”
Este tipo de discurso ignora la diversidad de trayectorias, de heridas, de recursos internos.
Es una forma sofisticada de revictimización terapéutica.
Como señala Gabor Maté en El mito de la normalidad:
“Si no entendemos el trauma que hay detrás del comportamiento, solo vemos el síntoma, no la causa. Y entonces, castigamos en lugar de acompañar.”
(Maté, G. (2022), editorial Penguin Random House)
Hacia una mirada compleja, compasiva y flexible
Cuanto más acompaño personas en recuperación, más me convenzo de que la adicción no se puede abordar desde un único marco. Y que cada propuesta que pretende encajar a todos en una sola vía, deja fuera a muchos.
No es una batalla entre métodos.
Es una invitación a revisar nuestra manera de mirar, escuchar y acompañar.
Porque la recuperación no es solo dejar de consumir.
Es reconstruir sentido, vínculo, identidad, cuerpo, historia.
Y eso requiere escucha, humildad… y muchas más preguntas que respuestas cerradas.
Fuentes consultadas:
- American Society of Addiction Medicine (2019). Definition of Addiction.
https://www.asam.org/quality-care/definition-of-addiction - Kelly, J. F., & Yeterian, J. D. (2011). Recovery from substance use disorder: A systematic review of the research.
Substance Abuse Treatment, Prevention, and Policy.
https://substanceabusepolicy.biomedcentral.com/articles/10.1186/1747-597X-6-12 - Maté, G. (2022). El mito de la normalidad. Penguin Random House.
