La mente humana tiene una capacidad extraordinaria para adaptarse, crear y sobrevivir. Pero también posee un mecanismo menos amable: la capacidad de mentirse a sí misma para no sentir dolor. En el ámbito de las adicciones, este fenómeno tiene nombre y peso teórico: disonancia cognitiva.
¿Qué es la disonancia cognitiva?
El término fue introducido por Leon Festinger en 1957, y describe el malestar que sentimos cuando nuestras acciones entran en conflicto con nuestras creencias o valores. Esa tensión psicológica nos resulta tan incómoda que, de forma automática, tratamos de reducirla.
Y lo hacemos casi siempre cambiando la interpretación de la realidad, no la conducta.
En el caso de las adicciones, esta distorsión se vuelve un modo de supervivencia mental: la persona necesita sostener dos verdades que no pueden coexistir.
Por un lado, sabe que el consumo le daña; por otro, siente una necesidad imperiosa de seguir haciéndolo.
La mente, incapaz de soportar esa contradicción, elige mentirse.
Cómo actúa este mecanismo en la adicción
La disonancia cognitiva aparece desde las primeras etapas del consumo.
El pensamiento suele tomar formas muy conocidas:
- “Solo será esta vez.”
- “Yo controlo.”
- “Después de todo lo que he pasado, me lo merezco.”
Estas frases no son simples excusas: son estrategias inconscientes para aliviar el conflicto interno. Cambian la percepción del riesgo, suavizan la culpa y reducen la ansiedad.
Así, el pensamiento se adapta al deseo, no al revés.
A medida que la adicción avanza, esta distorsión se convierte en una forma de protección psíquica.
El consumo se normaliza, las consecuencias se minimizan, y la persona empieza a vivir dentro de una lógica paralela donde todo encaja… aunque todo esté destruyéndose.
El autoengaño se vuelve un refugio.
Disonancia y recaída: la trampa del pensamiento adictivo
Durante la recuperación, el patrón no desaparece.
La mente sigue intentando cerrar cualquier brecha entre el deseo y la coherencia.
Surge entonces una disonancia distinta, pero igual de potente:
“¿Y si ya estuviera curado?”
“Solo quiero probarme.”
“Un poco no me hará mal.”
Cada una de estas frases contiene una justificación, un intento de volver a reducir la incomodidad.
Porque mantenerse sobrio también genera tensión: enfrentarse al vacío, a la soledad, a la memoria de lo perdido.
El cerebro busca alivio, y lo hace con los mismos argumentos que un día sirvieron para seguir consumiendo.
Por eso, comprender este mecanismo no es un detalle teórico, sino una herramienta vital para la prevención de recaídas.
Reconocer la disonancia cuando aparece permite intervenir antes de que la mente gane la batalla del autoengaño.
Aprender a detectar la disonancia cognitiva
Superar una adicción no implica eliminar la disonancia, sino aprender a convivir con ella sin obedecerla.
Algunas estrategias útiles incluyen:
- Escuchar el lenguaje interno: notar las frases justificadoras y nombrarlas como lo que son —mecanismos de defensa.
- Practicar la disonancia inversa: reforzar la coherencia entre valores y acciones, recordando por qué se eligió dejar de consumir.
- Cultivar la incomodidad consciente: aceptar el malestar momentáneo como parte del crecimiento, sin buscar el alivio inmediato.
- Apoyarse en el grupo o la terapia: compartir pensamientos y emociones reduce el poder del autoengaño.
Un paso más: la mente en recuperación
El proceso de recuperación no es una lucha contra el deseo, sino una reconciliación con la verdad.
La disonancia cognitiva no desaparece; evoluciona.
Y en ese proceso, aprender a reconocerla se convierte en un acto de libertad.
Porque la mente que antes mentía para protegerse puede, con el tiempo y el trabajo personal, aprender a decirse la verdad sin destruirse.
Fuentes consultadas
- Festinger, L. (1957). A Theory of Cognitive Dissonance. Stanford University Press.
- Beck, A. T., Wright, F. D., Newman, C. F. (1993). Cognitive Therapy of Substance Abuse. Guilford Press.
- Marlatt, G. A., & Donovan, D. M. (2005). Relapse Prevention: Maintenance Strategies in the Treatment of Addictive Behaviors. Guilford Press.
- Tavris, C., & Aronson, E. (2007). Mistakes Were Made (But Not by Me). Harcourt.
