Por Alberto Cipolla, Terapeuta Experto en Adicciones
Diciembre. El mundo se envuelve en luces, promesas de paz y un brindis constante. Si estás en recuperación de una adicción, este es el mes donde el camino se estrecha. Mis pacientes a menudo lo describen como un laberinto emocionaldonde es fácil perder el hilo de la sobriedad.
Como terapeuta, mi deber no es decirte que «disfrutes» de la Navidad; mi deber es prepararte para sobrevivirla con dignidad, manteniendo intacto el regalo más valioso que has recuperado: tu paz.
La Trampa del «Deber Ser Feliz»
La televisión, las redes sociales, incluso la familia, nos imponen un guion: el de la felicidad obligatoria. Pero bajo esa capa de euforia, la persona en recuperación navega sentimientos punzantes: la pena por lo que se perdió y la envidia por lo que otros parecen tener sin esfuerzo.
Es fundamental validar esto: no eres débil por sentirte triste o excluido en Navidad. Eres un ser humano consciente de un sacrificio vital.
El riesgo real aparece cuando esa pena se convierte en un susurro interno que justifica la recaída: «Solo esta noche… mereces un descanso de tanto esfuerzo.» Identificar esa voz como la «mentira del consumo» es el primer acto de valentía.
El Ambiente como Estímulo Masificado
En Navidad, no tienes que buscar los detonantes; ellos te buscan a ti. La ciudad, la música, los reencuentros, todo está saturado de estímulos que, aunque no parezcan relacionados con tu adicción, elevan tu nivel base de ansiedad y craving.
Piensa en los estímulos como el ruido blanco de la adicción. Oyes el clink de las copas de champán en una película, el olor a alcohol en un familiar que te abraza, y tu sistema nervioso lo registra como un recuerdo peligroso.
El Arte de la Micro-Evasión
Tu plan no puede ser «evitar toda la Navidad», eso es irrealista. Tu plan debe ser el de la micro-evasión estratégica:
- Identifica tu Punto Débil: ¿Es Nochevieja? ¿Es la comida del 25 en casa de tus suegros? Nombra ese evento y establece un límite de tiempo innegociable (Ej: «Me voy a las 9 en punto, pase lo que pase»).
- Ten un Aliado Silencioso: Siempre debe haber una persona (tu pareja, tu terapeuta, tu padrino) que conozca tu plan de escape y que pueda ser tu apoyo si necesitas enviarle un mensaje de auxilio.
La Estrategia del Ancla: De la Emoción a la Acción
Cuando la ola de craving o la ansiedad social te golpean, no tienes tiempo para largas reflexiones. Necesitas un Ancla que te devuelva al presente y a la sobriedad.
En mis talleres, insistimos en el Protocolo 3-3-3 no como una lista de tareas, sino como un chaleco salvavidas de emergencia:
- Tres Personas que Conozcan Tu Verdad: La lista de tres números que puedes marcar sin dudar a cualquier hora crítica.
- Tres Acciones Físicas de Cambio: No pienses, ¡haz! ¿Qué acción rompe el patrón mental? A veces, es tan simple como una ducha fría, beber agua con hielo o realizar un ejercicio de respiración.
- Sugerencia: Prueba la Respiración 4-7-8 (Inhala 4 segundos, mantén 7, exhala 8). Es un calmante natural del sistema nervioso.
- Tres Límites Asertivos: Frases cortas y amables que pones en tu «Kit de Noes» para evitar la presión social (Ej: «Agradezco la oferta, pero no bebo,» o «Necesito irme ahora, he tenido un día largo»).
La Navidad no tiene que ser una recaída disfrazada de fiesta. Puede ser la prueba más importante de tu fortaleza. Este año, tu regalo a ti mismo no será superficial, será la afirmación de tu vida sobria.
Sé tu propio héroe en este laberinto de luces. Tu recuperación es la única tradición que realmente importa.
