Uno de los mayores obstáculos en el proceso de recuperación de una adicción no es la sustancia ni el entorno, sino el autoengaño. Ese muro invisible que la persona construye para evitar enfrentarse a su realidad. Mientras no se derribe, todo intento de cambio será superficial o momentáneo. En este artículo exploramos cómo opera el autoengaño en la mente del adicto y por qué entenderlo es clave para iniciar un proceso real de transformación.
El autoengaño actúa como una protección psicológica frente al dolor, la culpa o la vergüenza. La persona adicta no “miente” simplemente: cree sinceramente en su distorsión.
Según el psicólogo George Ainslie (2001), la adicción no se basa únicamente en una falta de fuerza de voluntad, sino en una “falla estratégica del yo”, en la que la mente negocia con recompensas inmediatas sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo. Este tipo de racionalización permite justificar el consumo o las conductas compulsivas.
“El autoengaño es adaptativo en el corto plazo porque permite evitar el conflicto emocional, pero es destructivo a largo plazo porque bloquea el aprendizaje y la conciencia”
— Baumeister, R. F. (1996). “Self-regulation failure: An overview”, Psychological Inquiry, 7(1), 1–15.
El autoengaño en la adicción suele expresarse en frases como:
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“Yo controlo, no es para tanto.”
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“Podría dejarlo cuando quiera, pero ahora no me interesa.”
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“Esto no me afecta a mí, solo a los demás.”
Estas afirmaciones son señales claras de un bloqueo interno. Tal como indica el psiquiatra Gabor Maté en su obra In the Realm of Hungry Ghosts (2008), la raíz del consumo no está en la sustancia, sino en el vacío emocional que se intenta llenar y en los mecanismos mentales que impiden reconocerlo.
El autoengaño puede presentarse en distintos niveles:
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Negación total: “No tengo ningún problema.”
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Minimización: “Solo es algo que hago a veces.”
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Proyección: “Si los demás no me presionaran, yo no lo haría.”
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Racionalización: “Me ayuda a relajarme después de un mal día.”
Estos niveles han sido bien descritos en trabajos clínicos como el de Janina Fisher, experta en trauma y adicción, quien señala que muchos comportamientos adictivos se desarrollan como estrategias de supervivencia ante heridas emocionales no reconocidas.
“La negación no es solo una resistencia al cambio, es una forma de preservar la identidad cuando esta está asociada al sufrimiento”
— Fisher, J. (2017). “Healing the Fragmented Selves of Trauma Survivors”, Routledge.
Romper con el autoengaño no es un acto de fuerza, sino un proceso que requiere acompañamiento, conciencia y una mirada compasiva. Aceptar la verdad no significa hundirse, sino abrir la puerta a una vida más libre.
El psicólogo Carl Rogers ya lo decía:
“La paradoja curiosa es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar.”
El autoengaño es una cárcel sin barrotes, una ilusión que perpetúa el sufrimiento. Reconocerlo es el primer paso hacia la libertad. Nadie puede cambiar lo que no acepta que existe. Derribar este muro no es fácil, pero tampoco es imposible. Es el comienzo de algo más verdadero, más vital.
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Baumeister, Roy F. (1996). Self-regulation failure: An overview. Psychological Inquiry, 7(1), 1–15.
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Ainslie, George. (2001). Breakdown of Will. Cambridge University Press.
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Maté, Gabor. (2008). In the Realm of Hungry Ghosts: Close Encounters with Addiction. Knopf Canada.
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Fisher, Janina. (2017). Healing the Fragmented Selves of Trauma Survivors: Overcoming Internal Self-Alienation. Routledge.
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Rogers, Carl. (1961). On Becoming a Person. Houghton Mifflin.
