En la recuperación de una adicción solemos poner el foco en los pensamientos: qué me digo, qué excusas aparecen, cómo funciona el autoengaño o la negación. Pero hay un elemento igual de importante, que muchas veces pasa desapercibido: el cuerpo.
El cuerpo no miente.
Incluso cuando la mente racionaliza, justifica o minimiza, el cuerpo sigue enviando señales. Tensiones, insomnio, cambios en la respiración, ansiedad, irritabilidad, malestar físico, cansancio extremo… Muchas veces son avisos de que algo dentro de nosotros está pidiendo atención.
Por qué el cuerpo se convierte en “alarma”
Durante el consumo, el cuerpo estaba acostumbrado a apagar el dolor, la ansiedad o el miedo a través de la sustancia o la conducta adictiva. Cuando la persona entra en recuperación, esas emociones y sensaciones vuelven a aparecer con más claridad.
Según la investigación en neurociencia afectiva, las emociones son procesos corporales antes que racionales. Antonio Damasio lo explica de forma sencilla: la emoción se siente primero en el cuerpo, y después llega al pensamiento (“El error de Descartes”, 1994). Por eso a muchas personas les cuesta identificar lo que sienten, pero pueden identificar lo que su cuerpo manifiesta.
El problema: estamos acostumbrados a ignorarlo
Quien ha vivido años en consumo aprende a desconectarse del cuerpo para no sentir.
Evitar, tapar, anestesiar, distraerse…
Todo eso se convierte en un mecanismo automático.
Pero la recuperación exige hacer lo contrario:
escuchar el cuerpo, reconocer lo que está diciendo y permitir que la emoción salga.
Señales corporales que suelen aparecer antes de una recaída
No siempre aparece una “voz” en la cabeza diciendo que quieres consumir.
Muchas veces el primer aviso es físico:
- Dificultad para dormir o dormir demasiado
- Sensación de vacío en el pecho o nudo en la garganta
- Agotamiento, apatía o falta de energía
- Tensión muscular (especialmente en mandíbula, hombros y espalda)
- Respiración corta y superficial
- Irritabilidad sin motivo aparente
- Nerviosismo, desasosiego, inquietud
- Dolor de estómago o cambios en el apetito
A esto se le llama somatización emocional, y está ampliamente estudiado en psicología clínica. El cuerpo se convierte en un canal para expresar lo que la mente no está pudiendo procesar.
¿Qué hacer con estas señales?
No se trata solo de soportarlas. La clave es escucharlas.
- Nombrarlas
“Tengo ansiedad”, “Estoy tenso”, “Estoy irritable”.
Cuando lo nombramos, deja de ser un enemigo invisible. - Explorarlas sin huir
- ¿Cuándo empezó esta tensión?
- ¿Qué pasó hoy?
- ¿Qué estoy intentando evitar sentir?
- Pedir ayuda
Muchas recaídas se dan porque la persona no habló a tiempo.
Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de responsabilidad. - Usar herramientas corporales
- Respiración profunda
- Meditación
- Relajación muscular progresiva
- Movimiento consciente
Diversos estudios demuestran que las prácticas de regulación corporal, como el mindfulness, reducen la impulsividad y fortalecen la capacidad para tolerar la emoción sin reaccionar (Kabat-Zinn, 2003; Bowen et al., 2009).
Escuchar el cuerpo es escucharte a ti
Muchas personas en recuperación descubren que el cuerpo guardaba emociones que nunca se permitieron sentir: culpa, tristeza, rabia, miedo, dolor afectivo. El consumo era una forma de no entrar ahí.
Pero cuando el cuerpo y la mente vuelven a conectarse, empieza una recuperación mucho más profunda y verdadera: no solo dejar de consumir, sino aprender a vivir sin anestesia.
Si estás en recuperación, recuerda esto:
El cuerpo habla antes que la recaída.
Si puedes escucharlo, puedes prevenir.
Si puedes sentir, puedes sanar.
✅ FUENTES CITADAS
- Damasio, A.R. (1994). El error de Descartes. Editorial Andrés Bello.
- Kabat-Zinn, J. (2003). Mindfulness-Based Interventions in Context: Past, Present, and Future. Clinical Psychology.
- Bowen, S. et al. (2009). Mindfulness-Based Relapse Prevention for Substance Use Disorders: A Pilot Efficacy Trial.Substance Abuse.
