En el camino de la recuperación, muchos adictos en proceso de cambio se encuentran con un dilema complejo: ¿cómo relacionarse con personas que siguen consumiendo sin poner en riesgo su sobriedad? En este contexto, es fundamental diferenciar entre intolerancia y límites saludables. Aunque a primera vista pueden parecer lo mismo, la realidad es que su impacto en la recuperación es diametralmente opuesto.
Intolerancia: Un Mecanismo de Defensa que Puede Convertirse en Riesgo
La intolerancia en la recuperación suele nacer del miedo. Un adicto que ha logrado alejarse del consumo puede experimentar rechazo o incluso rabia hacia quienes aún están atrapados en la adicción. Este mecanismo de defensa puede parecer una forma de protegerse, pero en realidad puede convertirse en una trampa peligrosa.
El problema de la intolerancia es que aísla. Cuando una persona en recuperación corta lazos de manera radical y se cierra completamente a cualquier contacto con quienes consumen, puede terminar sintiéndose sola e incomprendida. Y un adicto aislado es un adicto en riesgo. La soledad es uno de los factores más peligrosos en la recuperación, ya que la falta de apoyo emocional y de comunidad puede aumentar la probabilidad de una recaída.
Límites Saludables: Protección sin Aislamiento
A diferencia de la intolerancia, establecer límites saludables permite que la persona en recuperación se proteja sin necesidad de encerrarse en un mundo de rechazo absoluto. Los límites saludables implican:
Tomar decisiones conscientes sobre el entorno: Evitar situaciones donde la tentación sea demasiado fuerte, pero sin necesidad de demonizar a quienes aún consumen.
Comunicar de manera clara y respetuosa: Expresar sin agresividad que ciertas conductas no son compatibles con el proceso de recuperación.
Aceptar que cada persona tiene su propio camino: No todas las personas están listas para el cambio en el mismo momento, y el juicio severo no las ayudará a encontrar su camino.
El Peligro de un Adicto Aislado
La recuperación no es solo dejar de consumir; es reconstruir una vida plena. Para ello, es necesario contar con una red de apoyo, ya sea de otros adictos en recuperación, familiares, amigos o terapeutas. La intolerancia extrema puede hacer que una persona en recuperación termine desconectándose de cualquier tipo de interacción social, creyendo que solo puede relacionarse con quienes están en su misma etapa del proceso. Pero la realidad es que el apoyo mutuo y la diversidad de experiencias enriquecen el camino de la sobriedad.
Conclusión: Encontrando el Equilibrio
Para un adicto en recuperación, la clave está en encontrar el equilibrio entre autocuidado y conexión con los demás. No se trata de aceptar o normalizar el consumo, sino de entender que cada persona tiene su propio proceso y que el rechazo absoluto no es la respuesta.
Establecer límites saludables permite proteger la sobriedad sin caer en el aislamiento, asegurando así una recuperación más fuerte, equilibrada y sostenible en el tiempo.
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