¿Por qué muchas personas sienten algo especial cuando llega el 21 de junio o la noche de San Juan, incluso sin saber bien por qué?
Más allá de la tradición o la fiesta, hay un eco profundo que se despierta en nosotros en esta época del año. Un eco que viene de lejos… y que todavía hoy influye en nuestro estado de ánimo, nuestras emociones y nuestras decisiones.
El solsticio de verano: un umbral antiguo
Desde tiempos prehistóricos, el ser humano ha celebrado el solsticio de verano como un momento sagrado. Es el día más largo del año, el punto máximo de luz solar. En muchas culturas paganas, este día marcaba un rito de paso, una transición entre ciclos, cargada de simbolismo: fuego, agua, fertilidad, renacimiento, purificación.
En Europa, las celebraciones del solsticio estaban ligadas a la naturaleza, al cuerpo y al espíritu. Se encendían hogueras para protegerse de los malos espíritus, se recogían hierbas mágicas, se danzaba alrededor del fuego. La comunidad se reunía para pedir deseos y dejar atrás lo viejo.
La cristianización de San Juan… sin apagar el fuego
La Iglesia incorporó estas celebraciones al calendario litúrgico bajo el nombre de San Juan Bautista, el 24 de junio. Curiosamente, es uno de los pocos santos cuyo nacimiento se celebra, y no su muerte.
Pero aunque cambió el nombre, la esencia de la celebración permaneció: fuego, purificación, renovación, comunidad, deseo.
Hoy en día, la noche de San Juan se sigue celebrando con hogueras, baños en el mar, rituales y festejos. No importa si eres creyente o no: el cuerpo recuerda. Y la emoción también.
San Juan en la España actual: ruido, fuego y deseo
En muchas regiones de España —sobre todo en la costa mediterránea—, la noche de San Juan es una de las más intensas del año. Miles de personas se reúnen en la playa, se encienden hogueras, se lanzan fuegos artificiales, se salta el fuego y se bañan en el mar. Todo está cargado de simbolismo: dejar atrás lo malo, atraer lo bueno.
Pero también es una noche marcada por el descontrol, el consumo, el ruido, la euforia colectiva. Una especie de permiso social para hacer lo que normalmente no harías. Y eso no deja indiferente a nadie, especialmente a quienes están en un proceso de cambio o recuperación.
Una fiesta que toca fibras internas
Aunque no lo sepamos, esta época del año activa memorias emocionales profundas. Hay una especie de pulsión interna que se despierta cuando el sol alcanza su punto más alto. La psicología evolutiva y la neurociencia afirman que los cambios de luz, temperatura y entorno activan patrones fisiológicos y afectivos [1].
Esto puede traducirse en:
Un deseo de cambio o ruptura.
Una sensación de urgencia por vivir intensamente.
Un impulso de «liberarse» de algo.
Una nostalgia difícil de ubicar.
No es casualidad que muchas personas recaigan o se sientan emocionalmente removidas en esta época. Ni tampoco que otras experimenten un crecimiento inesperado.
Herencia emocional: ¿de quién es esta sensación?
Muchos de los impulsos que sentimos no vienen de nuestra historia personal… sino de más atrás. Lo que Jung llamó inconsciente colectivo y lo que hoy algunos enfoques transgeneracionales denominan memoria emocional ancestral [2].
La fiesta de San Juan toca precisamente esas capas: el fuego que quema lo viejo, la luz que alcanza su cima y empieza a menguar, el ritual que da sentido al caos.
Y aunque hoy el ritual sea comercial o festivo, el fondo sigue ahí.
¿Qué podemos hacer con todo esto?
No se trata de huir de las fiestas ni de rechazarlas, pero sí de leerlas con otros ojos. Si estás en un proceso de transformación personal o de recuperación, estas fechas pueden convertirse en oportunidades:
Para reconocer lo que te remueve, en vez de anestesiarlo.
Para crear tus propios rituales, aunque no haya hoguera ni playa.
Para honrar lo que dejas atrás y dar un paso hacia lo que quieres ser.
Conclusión: tu propio solsticio
Quizá no saltes ninguna hoguera este año.
Quizá no grites frente al mar ni te pierdas en la euforia.
Pero si estás transitando un cambio real, tú ya estás en tu propio solsticio.
Y eso —aunque no tenga fuegos artificiales— es más transformador que cualquier fiesta. Descubre como trabajo si necesitas ayuda o acompañamiento.
Referencias:
[1] Porges, Stephen W. The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-Regulation. Norton, 2011.
[2] Schützenberger, Anne Ancelin. Los antepasados nos influyen: psicogenealogía y transgeneracional. Desclée De Brouwer, 2009.
