Durante estas semanas he estado de vacaciones y he pensado mucho en cómo las pausas también forman parte de los procesos de recuperación. Especialmente cuando la persona ya lleva tiempo en el camino y no está bajo un seguimiento intensivo del tratamiento, es normal que aparezcan momentos de desconexión o descanso. Lo importante no es tanto la pausa en sí, sino cómo se maneja el regreso.
Muchas personas en esta etapa sienten cierta inquietud tras un periodo de pausa. Aparecen pensamientos como: “¿Habré retrocedido?”, “¿Y si pierdo lo avanzado?”. Esta sensación es común, pero no significa que lo conseguido se haya borrado.
La pausa no borra lo aprendido
Los avances en la recuperación no desaparecen de un día para otro. La neuroplasticidad —la capacidad del cerebro de generar nuevas conexiones y hábitos— sigue presente, y lo trabajado permanece como base sólida (Volkow et al., 2016, New England Journal of Medicine). Una pausa puede ralentizar el ritmo, pero no borra lo ya integrado.
Descansar sin desconectar del todo
Las vacaciones y los tiempos de descanso son necesarios, pero conviene tener en cuenta que descansar no significa cortar con todo lo que sostiene la recuperación. Mantener ciertos hábitos clave —como un espacio de reflexión diaria, contacto con personas de confianza o rutinas básicas de autocuidado— ayuda a regresar con más equilibrio.
La investigación en prevención de recaídas destaca que la flexibilidad y la autocompasión facilitan retomar el camino tras interrupciones (Marlatt & Donovan, 2005). Es decir, descansar sí, pero sin desconectarse por completo de lo que ya sabemos que funciona.
Volver con intención
Tras una pausa, lo esencial es recuperar la intención: reconectar con el propósito, revisar qué herramientas estaban funcionando y reincorporarlas poco a poco. No se trata de empezar de cero, sino de volver a poner en marcha lo que ya formaba parte de la rutina.
El valor de las rutinas
Las rutinas actúan como anclas. Volver a practicar hábitos como el ejercicio, el descanso regular, el acompañamiento terapéutico o los espacios de apoyo social ayuda a recuperar la estabilidad y reduce el riesgo de recaídas (Moos & Moos, 2006).
Una mirada más amplia
Retomar el camino no es una derrota, sino un recordatorio de que la recuperación es dinámica. Las pausas nos enseñan a valorar lo conseguido, a identificar qué nos sostiene y a regresar con más claridad.
El descanso es necesario, pero la clave está en no desconectarse del todo. Porque lo importante no es no detenerse nunca, sino saber cómo volver a lo esencial cada vez que haga falta.
Referencias:
- Volkow, N. D., Koob, G. F., & McLellan, A. T. (2016). Neurobiologic advances from the brain disease model of addiction. New England Journal of Medicine, 374(4), 363–371.
- Marlatt, G. A., & Donovan, D. M. (2005). Relapse prevention: Maintenance strategies in the treatment of addictive behaviors. Guilford Press.
- Moos, R. H., & Moos, B. S. (2006). Rates and predictors of relapse after natural and treated remission from alcohol use disorders. Addiction, 101(2), 212–222.
