Cada verano, España vive olas de calor cada vez más intensas y frecuentes. Esta misma semana, la AEMET ha activado avisos por temperaturas de hasta 42ºC en buena parte del país. Hablamos mucho de los riesgos del calor extremo para la salud física —golpes de calor, deshidratación, colapso cardiovascular— pero rara vez hablamos de otro efecto, menos visible y mucho menos conocido: su relación directa con el consumo de sustancias y el riesgo de sobredosis.
Lo que muestran los estudios
La intuición podría sugerir que la temperatura y el consumo de sustancias son cuestiones independientes. La evidencia científica reciente dice lo contrario.
Un estudio de la Universidad de Columbia, publicado en la revista Communications Medicine, analizó más de 670.000 visitas hospitalarias relacionadas con alcohol y 720.000 relacionadas con otras sustancias en el estado de Nueva York, entre 1995 y 2014. El hallazgo fue claro: los días de temperaturas más altas se asocian con un aumento significativo de las visitas hospitalarias por trastornos relacionados con el consumo.
Más recientemente, un estudio de la Universidad de Yale analizó las muertes por sobredosis en prácticamente todos los condados de Estados Unidos entre 1999 y 2020. Utilizando el índice de calor —que combina temperatura y humedad para reflejar mejor el estrés físico real que sufre el cuerpo— los investigadores encontraron que cada grado adicional se asocia con un aumento medible de la mortalidad por sobredosis, especialmente en casos relacionados con opioides, cocaína y estimulantes como la metanfetamina. Se estima que esto se traduce en unas 150 muertes adicionales al año solo en episodios de calor extremo.
Otro estudio realizado en California, centrado en visitas a urgencias por anfetaminas, cocaína y opioides, llegó a conclusiones similares: los aumentos de temperatura a corto plazo se relacionan con más visitas a urgencias, en especial entre las personas que consumen estimulantes.
¿Por qué ocurre esto?
Las explicaciones que se manejan actualmente combinan factores de comportamiento y factores fisiológicos.
Factores de comportamiento:
- El calor invita a pasar más tiempo fuera de casa, a menudo en contextos sociales donde el consumo es más habitual.
- Las altas temperaturas incrementan la deshidratación, que puede agravar los efectos de muchas sustancias.
- En entornos como festivales, discotecas o eventos al aire libre, el calor intensifica los efectos de sustancias como el éxtasis, aumentando el riesgo de golpe de calor.
Factores fisiológicos:
- Muchas sustancias interfieren directamente con el hipotálamo, la estructura cerebral encargada de regular la temperatura corporal.
- Algunos opioides reducen la capacidad de una persona para notar que se está sobrecalentando, lo que retrasa la búsqueda de ayuda.
- Ciertos medicamentos psiquiátricos —antidepresivos, antipsicóticos— también dificultan la sudoración y la regulación térmica, y su combinación con sustancias recreativas incrementa notablemente el riesgo.
El resultado es una combinación especialmente peligrosa: el calor puede favorecer un mayor consumo, al mismo tiempo que reduce la capacidad del cuerpo para tolerarlo con seguridad.
Una población especialmente vulnerable
Es importante señalar que no todas las personas están expuestas al mismo riesgo. Las personas sin hogar, por ejemplo, en ocasiones recurren a sustancias como la metanfetamina para mantenerse despiertas y alerta durante las noches, lo que añade una capa adicional de vulnerabilidad frente al calor extremo. Del mismo modo, las personas con un trastorno por uso de sustancias ya establecido suelen tener menos recursos —sociales, económicos, de vivienda— para protegerse adecuadamente de las temperaturas extremas.
Implicaciones para la prevención y la clínica
Estos hallazgos tienen consecuencias prácticas para quienes trabajamos en el ámbito de la salud pública y la atención a las adicciones:
- Las campañas de prevención no deberían concentrarse solo en invierno. El verano, y en particular las olas de calor, deberían tratarse como periodos de riesgo elevado.
- La reducción de daños debe incorporar el factor climático. Recomendaciones básicas como la hidratación, evitar el consumo en solitario durante episodios de calor extremo, o conocer los signos de un golpe de calor, pueden salvar vidas.
- Los servicios de urgencias y los equipos clínicos deberían anticipar picos de demanda en los días de temperaturas más extremas, de forma similar a como ya se hace con otras urgencias relacionadas con el calor.
Una mirada más amplia sobre la adicción
Con frecuencia entendemos la adicción como un fenómeno puramente psicológico o social: el resultado de un trauma, una predisposición genética, un entorno determinado. Y sin duda lo es, en gran medida. Pero estos estudios nos recuerdan algo que conviene no perder de vista: el cuerpo no vive aislado de su entorno. El clima, la temperatura, el contexto físico en el que consumimos —o en el que intentamos no hacerlo— también forman parte de la ecuación.
En un contexto de cambio climático, donde las olas de calor son cada vez más frecuentes, más largas y más intensas, integrar esta dimensión en la prevención y el tratamiento de las adicciones ya no es opcional. Es, cada vez más, una necesidad urgente de salud pública.
Fuentes: estudio de la Universidad de Columbia (Communications Medicine, 2023), estudio de la Universidad de Yale sobre mortalidad por sobredosis y temperatura, y estudio de la Universidad de California sobre visitas a urgencias por estimulantes y opioides.
